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Museo Nacional de Arte Oriental

Cruzando continentes. Sesenta años del Museo Nacional de Arte Oriental

En el mes aniversario del Museo, recorremos sus orígenes, colecciones y piezas emblemáticas, como el gabinete japonés que viajó por distintos continentes hasta llegar nuestra sala.

Por Cecilia Iida*

El Museo Nacional de Arte Oriental  (MNAO) celebra este mes el aniversario de su fundación, el 14 de julio de 1965. Desde aquella fecha, la institución ha ido transformándose al ritmo de las diferentes coyunturas del campo artístico e inmerso en sus propias dinámicas y procesos. Hoy, el MNAO preserva y exhibe una amplia colección de objetos y obras de arte oriental y también se ofrece como un espacio dinámico en el que las comunidades de Asia, África y Oceanía despliegan su riqueza, diversidad y contradicciones; se entrecruzan y conviven con la mirada de quienes lo visitan (1).

La historia oficial del Museo comenzó aquel 14 de julio; sin embargo, sus orígenes se remontan a un tiempo atrás y se vinculan con el interés de un sector de la sociedad por el arte oriental. En este artículo rememoramos los inicios de este museo y la gestación de su patrimonio -asuntos íntimamente vinculados al coleccionismo y al interés general por el arte oriental en Argentina-, y exploramos la historia de la incorporación de una de sus piezas patrimoniales, un gabinete de estilo japonés donado por la familia Leloir.

Los inicios

Gabinete japonés en el Museo Nacional de Arte Oriental

Hace sesenta años, en el mes de julio, fue emitida la Resolución Ministerial Nº 991 que oficializó la creación del Museo Nacional de Arte Oriental en la Argentina, uno de los pocos de su tipo de Latinoamérica (2). 

La fundación del Museo fue un proyecto que nació como una idea y un anhelo de diversas personalidades entre quienes cuentan coleccionistas, intelectuales, interesados por el arte y la cultura de Oriente y también inmigrantes que, asentados en Argentina, deseaban difundir y preservar el arte y la cultura de sus países de origen. Mediante la Resolución 361/65, el Secretario de Cultura decidió la instalación del MNAO en un sector del Palacio Errázuriz Alvear, sede del Museo Nacional de Arte Decorativo. Allí  se realizó la primera exposición en junio de 1966.

En el catálogo publicado para la ocasión, la directora María Teresa Fernández Yayle de Cora Eliseht (1966), incluía un escrito que se ofrecía como una “carta de presentación”. En la misma expresaba que el museo era inaugurado “en homenaje al sesquicentenario de la Independencia de la Patria”. La relación del nuevo museo con la historia nacional quizás podría entenderse en el extenso proyecto histórico del país por desarrollar un campo artístico moderno y nacional, que siguiera los ideales de la independencia sin perder de vista al mismo tiempo los intereses y búsquedas del ámbito internacional (3). Recordemos que hacia la década del sesenta muchos países europeos contaban con museos dedicados al arte oriental, asiático o con secciones especializadas en espacios de exhibición nacionales (4). Durante siglos, en Occidente los productos asiáticos fueron considerados bienes de lujo y símbolo de estatus. Asimismo, las culturas que los producían se percibían como sitios lejanos e idealizados, y de ellas se creaban todo tipo de imaginarios.

Desde otra perspectiva, en el catálogo de la exposición también se señalaba el “vasto alcance” expresado en la noción de “Arte Oriental”, el cual respondía a la intención de “presentar un panorama general del arte del Cercano, Medio y Lejano Oriente”. Esta referencia refleja una conciencia de la amplitud terminológica, aunque la elección de la expresión revela claramente la intención de abarcar una totalidad geográfica vinculada con la idea de “oriente”.

Como refiere Savón para esta ocasión: “se expusieron 270 objetos procedentes de China, Corea, Japón, India, Indostán, Afganistán, Tíbet, Nepal, Birmania, Camboya, Siam, Indonesia, Persia, Turquía, Jordania y Egipto” (2018: 3). Gran parte de estas piezas fueron prestadas y algunas fueron donadas para configurar “su pertenencia básica” según se expresa en el catálogo (F. de Cora Eliseht, 1966).

En esos años habrá diferentes donaciones que harán crecer la colección. La primera pieza registrada oficialmente es una lámpara de aceite realizada en bronce proveniente de India, donada por la señora Flora Serra en 1967. Desde entonces el patrimonio fue creciendo progresivamente a través de legados y donaciones de instituciones oficiales como embajadas acreditadas en nuestro país, colecciones privadas y en menor medida de adquisiciones. 

El desarrollo del coleccionismo de arte y objetos orientales en el país fue un importante antecedente para el desarrollo de este museo. Como refiere Paula Savón (2018: 6): “Importantes colecciones privadas de arte oriental previas a la fundación del MNAO fueron – mediante donaciones o legados – su base patrimonial y contribuyeron a lo largo de su historia a su crecimiento, condicionando el perfil de su acervo”.

A pesar de las enormes distancias entre América, Europa y Asia, el comercio entre estos continentes existió desde los tiempos de la colonia cuando llegaban a nuestras tierras ingentes cantidades de producciones asiáticas muy apreciadas por las elites locales (5). Estas producciones ingresaban a nuestras tierras siguiendo las modas y el gusto por las porcelanas, las sedas, las lacas y marfiles, entre otros materiales y facturas asiáticas. El valor económico y simbólico del arte oriental se veía reflejado en los contextos de uso y consumo; representaban un estilo de vida, por lo que eran conservados y exhibidos como objetos de lujo y prestigio social. 

Luego de la Independencia estos productos siguieron siendo considerados bienes de lujo para las clases privilegiadas que los adquirían no sólo a través del comercio con Asia, sino también en Europa o en tiendas locales especializadas que fueron poblando el centro porteño desde finales del siglo XIX (6). Con el tiempo, muchas de las piezas que pertenecieron a las familias de las elites porteñas terminaron formando parte de las colecciones de los museos argentinos, entre estos, el MNAO.

Entre los impulsores del arte oriental en el país, cabe mencionar el trabajo de dos colecciones, cuyas acciones y donaciones fueron relevantes en la construcción del patrimonio del MNAO. Por un lado, Kenkichi Yokohama, quien fue dueño de la tienda Maison Satsuma, especializada en el comercio de bienes chinos y japoneses; y quien, como menciona Lucía Di Francesco, fue un “coleccionista de arte, periodista, poeta, fundador y miembro de diversas instituciones vinculadas a la promoción de temas orientales en Argentina” (2020). Su historia se anuda con el Museo, ya que no solo donó piezas de gran valor y fue un referente importante para el museo sino que además su hija, Orlanda Yokohama, fue directora de la institución entre 1976 y 1996, periodo en el cual también donó objetos y mobiliario litúrgico al Museo.

Por otra parte, también tiene un sitio destacado el coleccionista y músico argentino José Torre Bertucci (7), quien donó casi 2500 piezas al museo, legando además sus registros personales que se exhiben actualmente en la exposición Oriente todo. Junto a estos coleccionistas, muchas otras personas (8) colaboraron en el forjamiento de este patrimonio que actualmente es exhibido en la nueva sede del Museo. 

Durante el 2022, en la gestión de su última directora, Rocío Boffo, el MNAO se trasladó al segundo piso del Centro Cultural Borges, situado en las Galerías Pacífico, en pleno centro porteño. Allí se conservan más de 4000 objetos y obras de arte provenientes de diferentes países de Asia y África, muchos de los cuales se exhiben diariamente en sus salas. 

El patrimonio del Museo incluye piezas muy diversas de distintas épocas: antiguos amuletos de Egipto; estampas ukiyo-e; pinturas de China; altares japoneses y chinos, tallas chinas y japonesas en madera, marfil, jade y otras piedras; instrumentos musicales de Corea, Japón e India; porcelanas, cerámicas y gres; pinturas rajput de la escuela Mewar y diversas miniaturas y tallas de India; alfombras de rezo árabes, malas budistas, entre otros objetos litúrgicos de diferentes sitios;  kimonos en seda; trajes y cuadrados mandarines bordados de China; saris y cholis de India; marionetas de Indonesia, Tailandia y Turquía, entre otras. Dentro de este amplio conjunto, hay un gabinete japonés cuya extensa travesía lo llevó a cruzar continentes y fronteras hasta instalarse en Buenos Aires. Se trata de una de las piezas de mayores dimensiones del museo -227 x 185 x 70 cm.-, un mueble que por su formato y datos de adquisición era conocido por sus propietarios como “la pagoda”. Recientemente, en base a los documentos de donación que se encuentran en el legajo y los relatos de Jorge Ham Leloir, bisnieto de su propietario, pudimos reconstruir la historia de su adquisición, viajes y mudanzas, hasta llegar a su sitio definitivo en las salas del MNAO.

Una pagoda en el microcentro porteño

Detalle del gabinete adquirido por Federico R. Leloir

Hace más de cuarenta años, el gabinete de estilo japonés se integró al patrimonio del Museo. El mismo fue adquirido por Federico R. Leloir en la Maison des Bambous Perret & Vivert, una casa de antigüedades y muebles fundada en París en 1879. Desde sus inicios, la tienda se dedicó a la creación de muebles de inspiración oriental y, posteriormente a la venta de objetos de China y Japón (9). Algunas de las piezas eran traídas directamente desde Asia, mientras que otras producciones eran fabricadas allí siguiendo estilos e imaginarios asumidos como orientales. Cabe considerar que con el japonismo -tras la apertura de Japón al mundo en el siglo XIX-, la influencia de su arte impulsó la inclusión de nuevas técnicas y estilos que nutrieron el arte y el diseño en Occidente.

En este caso, el gabinete es un mueble de madera laqueada en rojo con detalles de laqueado en negro y decoraciones en bronce e incrustaciones de piedras, nácar y marfil. La estructura del mismo está organizada en dos registros horizontales que simulan una arquitectura de dos pisos con una base a modo de zócalo y tres ejes o calles verticales separadas por pequeñas columnas, entre las cuales se encuentran los espacios de guardado que originalmente poseían pequeñas puertas decoradas (hoy solo se conservan las puertas de los espacios centrales). La relación de este mueble con una pagoda se debe probablemente al aspecto arquitectónico con más de un piso y al formato del techo con aleros en los ángulos curvados hacia arriba. Esta referencia figuraba además en el boleto de compra venta de la pieza. 

Todo el mueble se sostiene sobre seis patas macizas y curvas que terminan en volutas, apoyadas a su vez en una base rectangular con relieves salientes decorados con dragones sobrevolando las nubes. Sobre esta base hay un zócalo con tres cajones de poca altura ornamentados con olas, grecas y formas geométricas en su cara principal y, en ambos registros, las tres calles verticales están enmarcadas y separadas por columnas decoradas con relieves geométricos y con los mon, el blasón del clan samurai Tokugawa (10). Asimismo, los capiteles de las columnas son reemplazados por figuras que alternan sus bocas abiertas y cerradas. Estos se asemejan a los komainu, parejas de leones que se colocan usualmente en las entradas de los templos sintoístas. 

En el gabinete, los espacios de guardado centrales conservan aún puertas dobles con aplicaciones de bronce, nácar y marfil. En la que está debajo se representan pavos reales y flores en un paisaje montañoso; y en la superior simulan puertas de ingreso con un telón con motivos florales. Por toda la superficie hay ornamentaciones cubriendo las columnas, los frisos y los paños. Estas decoraciones representan diferentes figuras: nubes, dragones con formas más tradicionales, dragones con alas de murciélago, figuras mitológicas, aves, flores, volutas, grecas y otros diseños geométricos e incluso escenas de monjes realizando distintas actividades. El conjunto se completa con los diseños en los paneles laterales del mueble que lleva de un lado la imagen de un ave fénix en un paisaje y lo que pareciera ser un kirin del otro lado. 

Documento original de compra del gabinete japonés

Según figura en el boleto de compra-venta el gabinete es descrito como un “mueble pagoda Japón” y fue adquirido por el Sr. Leloir, el 13 de agosto de 1906 en la tienda ya mencionada en París. Ese mismo año falleció Federico Leloir y nació su último hijo, Luis Federico Leloir, quien años después obtendría el Premio Nobel de Química (1970). 

Dos años después de aquellos acontecimientos, en 1908, Luisa Hortensia de Leloir y sus nueve hijos regresaron a Buenos Aires. Jorge Ham Leloir, bisnieto de Luisa y Federico relata que la familia retornó de París con sus obras de arte y pertenencias, entre las cuales se encontraba el gabinete que familiarmente llamaban “la pagoda”. No es de extrañar que a pesar de su enorme volumen el mueble haya sido elegido y traído a Buenos Aires. Se trata de una pieza de gran valor estético adquirido en una tienda de renombre en la capital francesa y es además un mobiliario que evidencia el gusto e interés por el arte oriental de la familia Leloir, signo de la época. 

Ham Leloir cuenta que en Buenos Aires instalaron la pagoda en la casa de la calle Florida 770, donde permaneció hasta que la vivienda fue vendida y posteriormente demolida. 

Hacia 1920 la familia construyó un edificio en la calle Viamonte 524/540, donde planificaron que podrían vivir todos los hijos casados. En el palier del edificio, junto a los ascensores, estuvo instalada la pagoda hasta su donación. El edificio aún existe, y como sugiere Ham Leloir, si uno ingresa al mismo aún puede observarse el espacio junto al ascensor donde se encontraba el gabinete. 

En una carta fechada el 13 de septiembre de 1984, Marta Leloir Udaondo, hija de Federico Leloir, en representación de sus hermanos ofreció el gabinete en donación al MNAO. La donación fue aceptada oficialmente y el mueble fue situado y conservado en una de las salas del Palacio Errázuriz Alvear, que fue la antigua sede del MNAO. El mueble permaneció allí los siguientes treinta años, hasta que en 2022, cuando el Museo se trasladó a la nueva sede del microcentro, “la pagoda” regresó a su barrio original, a pocos metros de los edificios donde supo estar emplazado. Hoy se exhibe en la sala del Museo y puede ser disfrutado y visitado diariamente.

La donación de la apreciada “pagoda” por parte de la familia Leloir enriquece significativamente el patrimonio artístico del MNAO. Recorrer su iconografía y su estilo tiende puentes hacia Japón,  indaga en su historia y nos conecta también con parte de la nuestra. Por esto, visitar este gabinete en el Museo, recorrer las salas, habitar los espacios, explorar los objetos, obras y propuestas es una invitación a atravesar fronteras, a poner en diálogo el arte y las prácticas culturales de diversos continentes que, aùn lejanos, no están tan distantes.

Bibliografía

  • Bonialian, Mariano  (2014) China en la América colonial: bienes, mercados, comercio y cultura   del consumo desde México hasta Buenos Aires. Biblos. CABA. Instituto Mora. México.
  • de Cora Eliseht, María Teresa F. (1966) “Arte Oriental” Catálogo de la Exposición Inaugural. Museo Nacional de Arte Oriental. Buenos Aires.
  • De Francesco, Lucía  (2020) “Kenkichi Yokohama: una figura clave en la difusión del Arte Oriental en Buenos Aires”. V Encuentro de jóvenes investigadores en teorías e historia de las artes. CAIA. Buenos Aires.  
  • Krahe Noblett, Cinta (2017) La China Imperial (1506-1795). Síntesis. España.
  • Museo Nacional de Arte Oriental. CABA. https://mnao.cultura.gob.ar/info/museo/
  • Said, Edward (2002) Orientalismo, Random House Mondadori.
  • Savon, Paula (2018) “Del coleccionismo de piezas orientales a la fundación del Museo Nacional de Arte oriental”. Informe final. Programa Investiga Cultura “Proyectos de Investigación: Acciones, Visiones, Representaciones”. Buenos Aires. Ministerio de Cultura.

Notas

(1) Se sugiere ver: https://mnao.cultura.gob.ar/info/museo/

(2) Cabe considerar el Museo Conde Rul Colección Alar de Arte Chino ubicado en Guanajuato, México así como también la existencia de múltiples museos en Latinoamérica con colecciones y salas dedicadas al arte oriental o al arte asiático y numerosas instituciones de Norteamérica dedicadas al arte oriental.

(3) Interesa considerar que desde finales del siglo XIX y sobre todo en la primera mitad del siglo XX este proyecto de gestar un campo artístico y cultural autónomo y moderno fue un aspecto central de las políticas culturales estatales. Al mismo tiempo, a mediados de siglo se vivencia un nuevo proceso de internacionalización que establece nuevas relaciones con el campo artístico internacional no sólo Europeo sino también Norteamericano.

(4) El interés por “lo oriental” desde occidente debe enmarcarse en un contexto mayor vinculado a las relaciones entre Europa y Asia y que Edward Said lee en clave del orientalismo Para Said  desde “finales del siglo XVIII el orientalismo se puede describir y analizar como una institución colectiva que se relaciona con Oriente, relación que consiste en hacer declaraciones sobre él, adoptar posturas con respecto a él, describirlo, enseñarlo, colonizarlo y decidir sobre él”

(5) A través del Galeón de Manila, Nao de China o de Acapulco se estableció el enlace entre China y las colonias españolas en América desde 1565 hasta 1815. 

(6) Entre estas cabe mencionar la Casa Amarilla (fundada en 1900) y Yamada & Cía (1913), la casa Tsuji & Cía, fundada en 1925 (Di Francesco, 2020).

(7) Ver: https://www.cultura.gob.ar/quien-fue-torre-bertucci-el-coleccionista-que-dono-casi-2000-piezas-al-museo-de-arte-oriental_3219/

(8) Entre los coleccionistas privados  puede mencionarse a Fumiko T. de Zamami, Blas Guichandut, Elisa Carlota Braun de Fuchs. Marianne C. de Huls, Schiavon y las donaciones de gobiernos de países asiáticos y embajadas de China, Taipei, Taiwan, India, Turquía, Tailandia, Indonesia y Malasia y de instituciones como el Centro de Estudios de las Culturas del Lejano Oriente, Monjas del Templo Budista Coreano Kyung Hyun (Savón, 2018: 17).

(9) Según relata la historia oficial de esta tienda allí adquirieron objetos y muebles el Príncipe de Gales, La duquesa de Montpensier,  Amélie d´Orléans y el militar y estadista japonés Yamagata, entre otras personalidades que buscaron enriquecer y decorar sus propiedades con muebles en rattan y objetos y muebles de diseño asiático. https://perret-vibert.fr/histoire/

(10) El mon es una insignia que tradicionalmente utilizaban los nobles y los samurai para identificar a su clan. El blasón del clan Tokugawa es el mitsuba-aoi ya que se compone de tres hojas de aoi o “asarum”, una planta conocida como malva y también popularmente llamada jengibre salvaje.

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*Cecilia Iida es Magister en Comunicación y Cultura (FCS, UBA), Licenciada en Artes (FFyL, UBA).