El chadō es una meditación en movimiento. Se trata de contemplar, de encontrar la belleza de las personas y de los objetos, de apreciar algún aspecto de la naturaleza y llevarlo a la sala de té

El mundo del chadō, la ceremonia del té japonesa, está íntimamente ligado a la sublime belleza del fluir de las estaciones. Un encuentro de té es una manera de resaltar las sutilezas de los ciclos naturales y disfrutar de esos pequeños detalles a partir de los objetos que se utilizan. Estos, por su diseño, su funcionalidad o su nombre poético, transmiten un sentimiento relacionado con las estaciones del año.

Cuando el anfitrión o anfitriona de la ceremonia elige una caligrafía, arma un arreglo floral, prepara un dulce o escribe una invitación con un poema, lo hace pensando en la persona invitada. A través de todos estos dispositivos insinúa un tema. Es un juego de complicidades, de sugerencias, en donde cada momento es único e irrepetible porque las circunstancias cambian, las estaciones cambian y porque las personas también cambiamos.

Con motivo de la celebración del 65º Aniversario de Urasenke Argentina –institución dedicada a enseñar y difundir la ceremonia del té en el país– fue pensada esta exhibición. Te invitamos a contemplar la simple belleza de las piezas de té y a apreciar los detalles que en ellas se revelan.

Desde el 24 de octubre de 2019 hasta el 19 de enero de 2020
Martes a viernes de 12:30 a 17:00
Sábados y domingos de 12:30 a 19:00
Avenida del Libertador 1902 1° piso, CABA
Entrada gratuita
Curaduría: Malena Higashi (Urasenke Argentina)


Chadō: el camino del té y la cultura de las cuatro estaciones 

El mundo del Chadō, el camino del té (aquí conocido como ceremonia del té japonesa), está íntimamente ligado con los ciclos de la naturaleza y con la belleza que hay en esa transición. Un encuentro de té es una manera de resaltar las sutilezas que trae cada estación y se trata de disfrutar esos pequeños detalles. Los objetos aquí exhibidos son una muestra de ello. Por su diseño, su funcionalidad o su nombre poético, cada uno transmite un sentimiento relacionado con las estaciones. 

Entre las siete reglas para el té que enumeró el Gran Maestro Sen no Rikyū hay una que dice: “en invierno sugiere calor, en verano frescura”. Esto es algo que el anfitrión o anfitriona del encuentro debe lograr a través de las piezas que elija utilizar y de la manera en que disponga la sala de té.

La palabra japonesa furyu hace alusión al fluir del viento. El Gran Maestro de la tradición de té Urasenke, Sen Soshitsu XV, dijo al respecto que nuestro espíritu debería fluir a través de la vida como el viento fluye en la naturaleza: “Con el espíritu del furyu preparamos una taza de té, recordando las montañas, los arroyos, las flores y el cambio de las estaciones”. Así, con la conciencia puesta en aquello que nos rodea, te invitamos a disfrutar esta exhibición.

       – Urasenke Argentina

¿Qué es el Chadō

Lo que conocemos como ceremonia del té es la traducción de una palabra con un sentido más amplio: Chadō, que en japonés significa “el camino del té” o Chanoyu, “agua caliente para el té”. 

El simple acto de servir el té y recibirlo con gratitud es la base de esta forma de vivir. En los últimos cinco siglos esta práctica fue evolucionando y se convirtió en una tradición que incluye también el arte, el diseño y la filosofía zen. 

El Chadō es una meditación en movimiento. Se trata de contemplar, de encontrar la belleza de las personas y de los objetos, de apreciar algún aspecto de la naturaleza (especialmente, de cada estación del año) y llevarlo a la sala de té, pero también es una práctica que enseña a manejarnos de manera ordenada y a lidiar con imprevistos con la mente clara. 

En el fondo, el Chadō es una comunicación a través de los objetos, las historias detrás de ellos y el vínculo que se da con la persona para la que se prepara el té. Cuando se elige una caligrafía, se arma un arreglo floral, se prepara un dulce o se escribe una invitación con un poema, se hace pensando en ese invitado y en un tema que se insinúa a través de todos esos dispositivos. En ese sentido es un juego de complicidades, de sugerencias. Por eso, en el mundo del té es muy común escuchar la frase “Ichi go ichi e”: cada momento es único e irrepetible. El encuentro que sucede en el recinto de té es un momento compartido que nunca será igual porque las circunstancias cambian, las estaciones cambian, porque las personas también cambiamos.

 

La estética wabi 

Una belleza simple, imperfecta y austera. De eso se trata la estética wabi. Fue durante el período Muromachi (1336-1467),  en el seno de una población urbana en crecimiento, que la práctica de la ceremonia del té se fue impregnando de wabi. Entre quienes practicaban té empezaron a valorarse las artesanías locales (piezas de bambú y cerámica japonesa) en oposición a todo lo que venía de China. Los procedimientos para preparar el té también se fueron simplificando.

Se buscó también crear un entorno y un espacio para la práctica del Chadō cuyo modelo fue una pequeña choza en la montaña, emulando su silencio y su cualidad de refugio. Solo que esta se encontraba en medio de la ciudad. La cultura del té es urbana pero lo que busca es traer la naturaleza a la sala de té. 

La casa de té se llama chashitsu y está rodeada de un jardín llamado roji. Un camino de piedras lleva a la sala de té y se dice que en esa caminata se van dejando atrás las preocupaciones mundanas. La puerta de entrada es un cuadrado de 65 x 70 centímetros: hay que agachar la cabeza y deslizarse para entrar. Por un lado hay un acto de humildad en esta postura y por el otro, el espacio interior con techos bajos y piso de tatami se percibe mucho más amplio al ingresar de esa manera. Los colores cálidos de la madera, los paneles corredizos de papel y las paredes rústicas de adobe imprimen de estética wabi el ambiente vacío de la sala de té.

Las estaciones

Primavera 

春 

Simplemente el cerezo florece,

y nosotros lo miramos,

y sus pétalos caen…

Ueshima Onitsura (1661-1738)

El Gran Maestro de té Sen no Rikyū solía citar el siguiente poema de Fujiwara Ietaka: “A quienes ansían las flores de primavera/ muéstrenles los brotes debajo de la nieve/ esperando por salir”. En el Chadō se aprecia lo sutil, lo velado. El arreglo floral se llama chabana y su característica es la simpleza. Entre las siete premisas que enumeró este Gran Maestro hay una que dice: “las flores deben arreglarse como si estuvieran en el campo”, es decir, de la manera más natural posible.

La primavera japonesa está asociada al florecimiento del sakura (cerezo) y al hanami (la tradición de observar las flores, especialmente las de sakura)Este chawan muestra de manera sutil las ramas del árbol con las flores en su máximo esplendor.

Verano

夏 

En lo profundo de los árboles

que ya han florecido

también se oye una cascada

Ueshima Onitsura (1661-1738)

Otra de las siete premisas de Sen no Rikyū dice: “en invierno sugiere calor, en verano frescura”. Esto es algo que el anfitrión debe lograr a través de los objetos que elija utilizar. Pero también el ambiente puede adaptarse para crear distintas sensaciones. En verano se cuelgan cortinas plegables de esterilla en la sala que generan un efecto visual: la luz del sol veteada que se ve en un bosque. En el tokonoma las caligrafías hacen alusión al agua o al viento.

Este chawan se conoce como hirajawan por su boca ancha y su forma plana. Tiene dibujos de pantallas para abanicarse en el verano llamadas ogi, flores nadeshiko y hortensias, que son también típicas de esta estación.

Otoño

 秋 

Ni las flores

ni las hojas escarlata.

Una choza en la ribera

en un atardecer de otoño.

Takeno Jōō (1502-1555) 

En otoño, además de las hojas rojas del momiji (arce japonés) y las hojas doradas del ginkgo se aprecia la luna. Desde tiempos remotos fue considerada la diosa de la gracia y dicen que en su superficie se puede ver también un conejo. El Gran Maestro Murata Jukō (1423-1502) dijo que “La luna no es agradable a menos que esté parcialmente oscurecida por una nube” y con esa frase se puede entender la estética wabi de la ceremonia del té: la belleza austera, la belleza simple y sin pretensiones de aquello que se insinúa y está latente. 

Este chawan con hojas de momiji (arce japonés) representa una escena clásica del otoño. El tipo de cerámica se conoce como Kyōyaki, originaria de Kioto.

Invierno

 冬 

Hojas de narciso 

inclinadas apenas,

bajo la primera nieve

Bashō (1664-1694)

En invierno la sala de té cambia: las cortinas son reemplazadas por las puertas corredizas de papel que dejan filtrar la luz de una manera tenue pero cálida a la vez. Se encuentra regocijo en el sonido del agua hirviendo, lista para preparar el té. Este sonido lleva el nombre matsu kaze: es el sonido del viento entre los pinos. Y con ese sonido disfrutamos de una taza de té caliente en las manos. 

Este chawan tiene dos elementos asociados al invierno: el pino y la nieve. La palabra poética yuki-ore designa a las ramas de un árbol se quiebran por el peso de la nieve. Un poema de Buson dice: “Quemando las ramas que la nieve quebró / caliento la nieve en el brasero”. Se refiere al agua que se calienta para preparar el té.

Links de interés:

https://www.cultura.gob.ar/chado-el-camino-del-te-8527/

https://www.facebook.com/urasenkeargentina/

https://www.instagram.com/urasenkeargentina/?hl=es

https://www.revistatransas.com/2020/10/29/ceremoniate_higashi/

https://www.lanacion.com.ar/buenos-aires/la-sensei-portena-custodia-tradicion-japonesa-del-nid2288276/

Cuándo

A partir del 24 Oct. 2019
Hasta el 19 Enero 2020

Dónde

Museo Nacional de Arte Oriental

Av. del Libertador 1902 1° piso Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Buenos Aires